Nacida el 29 de junio de 1540 en Cifuentes (Guadalajara), Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Eboli, fue hija única de Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, duque de Francavilla y virrey de Aragón, y de María Catalina de Silva y Álvarez de Toledo, perteneciente a la influyente casa de los condes de Cifuentes. Su linaje la situó desde la infancia en el centro de la nobleza castellana, heredando títulos como duquesa de Francavilla, princesa de Mélito, condesa de Aliano y marquesa de Algecilla por derecho propio.
Matrimonio y ascenso en la corte
A los trece años, se concertó su matrimonio con Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli y valido del futuro Felipe II. La boda, celebrada en torno a 1557, fue una alianza estratégica que consolidó el poder de ambas familias. Por este enlace, Ana obtuvo los títulos de princesa de Éboli, duquesa de Estremera y duquesa de Pastrana.
En la corte, Ana destacó por su inteligencia, belleza y carácter apasionado. Fue dama de honor de la princesa Juana de Austria y de Isabel de Valois, esposa de Felipe II. Su personalidad fuerte y su influencia la convirtieron en una figura central de la vida política y social del Siglo de Oro español.
Conflictos religiosos y sociales
Junto a su marido, Ana impulsó la fundación de conventos de carmelitas descalzas en Pastrana, lo que la llevó a enfrentarse con Teresa de Jesús, fundadora de la orden. Tras la muerte de Ruy Gómez en 1573, Ana intentó ingresar como monja en el convento, pero su carácter dominante y sus exigencias provocaron conflictos con las religiosas y con la propia Teresa de Jesús. Finalmente, fue obligada a abandonar la vida conventual y a hacerse cargo de la tutela de sus hijos y la administración de sus bienes.
Intrigas políticas y caída
Tras su regreso a la corte, Ana se vio envuelta en las intrigas políticas de la época, especialmente por su relación con Antonio Pérez, secretario de Felipe II. Se la implicó en la conspiración y asesinato de Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria, lo que llevó a su arresto y posterior reclusión en el palacio ducal de Pastrana. Pasó sus últimos años en prisión, donde murió el 2 de febrero de 1592.
Legado de la Princesa de Eboli
La figura de Ana de Mendoza y de la Cerda ha perdurado como símbolo de poder femenino, belleza y tragedia. Su vida estuvo marcada por el esplendor cortesano, la devoción religiosa, los conflictos y las intrigas políticas. El famoso balcón enrejado de su palacio en Pastrana, desde el que se le permitía asomarse una hora al día durante su reclusión, se ha convertido en un emblema de su historia.

Gran mujer, muchos apuntan a que fue de las pocas personas que hizo frente a Felipe II