El Mundial de España 82: cuando jugamos en casa y la liamos parda


En los 70 el fútbol español era un desastre total. La Selección no se clasificaba ni para el Mundial del 70 ni para el del 74, y en Argentina 78 nos dieron puerta en la primera fase sin pena ni gloria. Kubala llevaba años en el banquillo y al final lo echaron porque no daba más de sí. Santamaría cogió el relevo, pero el equipo era un caos: había mucho talento en los clubes (Real Madrid, Barça, la Real Sociedad que empezaba a molar), pero en la Roja no cuajaba nada. Encima, el país estaba patas arriba con la Transición: Franco muerto, Suárez dimitiendo, el 23-F con los tanques en el Congreso, ETA matando gente cada dos por tres… y la economía fatal, con un paro brutal y una inflación que te dejaba tieso. El fútbol era el único sitio donde la gente podía desconectar un rato, pero la Selección no ayudaba. Parecía que íbamos a organizar el Mundial más grande de la historia (el primero con 24 equipos) y encima íbamos a hacer el ridículo. La gente tenía ilusión, pero también miedo a que ETA montara algo gordo. En fin, un marrón de los buenos.

La movida de organizar el Mundial de España 82: España se pone las pilas

España se había presentado en el 66 para organizar el Mundial del 82 y al final le tocó. Raimundo Saporta y Pablo Porta se pusieron al frente y montaron un circo impresionante: remodelaron 17 estadios (Bernabéu, Camp Nou, Mestalla, La Romareda…), pusieron pasta gorda en carreteras, aeropuertos y en RTVE que se modernizó con Torrespaña. Todo sin que el Gobierno metiera un duro directo para no endeudarse más. La mascota Naranjito se volvió famosa (aunque al principio la gente se reía), el Plan Naranja-82 trajo a 35.000 policías y guardias para vigilar por ETA, y al final el país se vistió de largo para enseñar al mundo que ya no éramos la España de Franco, sino una democracia joven y abierta. Hubo pasta de patrocinadores, Adidas, Coca-Cola… y se montó un tinglado brutal. El Mundial fue el primer gran evento postdictadura y sirvió para decir: «Eh, que aquí ya somos normales». Aunque con el paro al 12-15% y la crisis encima, la gente lo vivió como un respiro.

Cómo nos fue en el campo: un chasco monumental en España 82

Llegó el 13 de junio y España debutó contra Honduras en Mestalla: empate a uno con penalti de López Ufarte y cara de «esto pinta mal». Luego ganamos a Yugoslavia 2-1 (otro penalti de Juanito y gol de Saura), pero contra Irlanda del Norte nos metieron un 0-1 que nos dejó helados. Pasamos de milagro como segundos de grupo. En la segunda fase, en el Bernabéu, Alemania nos ganó 2-1 (Littbarski y Fischer nos mataron) y con Inglaterra empatamos a cero en un partido aburridísimo. Total: cuatro goles en cinco partidos (dos de penalti), eliminados en segunda ronda y posición 12ª. El equipo estaba hecho un lío, con muchos de la Real Sociedad (Arconada, Zamora, Satrústegui…) y madridistas (Camacho, Juanito, Santillana), pero no había rollo. Santamaría no dio con la tecla, la concentración en La Molina (altura) y luego en El Saler (calorazo) fue un error garrafal, y encima el aislamiento por seguridad nos tenía locos. Mientras, Italia de Paolo Rossi se llevó el título goleando a Brasil y Polonia, y luego a Alemania en la final. El Mundial tuvo momentazos (el Brasil-Italia, la semifinal Francia-Alemania con la patada de Schumacher a Battiston), pero nosotros dimos la nota por abajo.

Después del 82: modernización lenta pero sin título aún



El fracaso deportivo fue un mazazo, Santamaría se fue y llegó Miguel Muñoz para intentar arreglarlo. La Roja empezó a mejorar poquito a poco: subcampeones en la Euro 84 con la generación de la Quinta del Buitre, cuartos en México 86, octavos en Italia 90… pero el título tardó en llegar (Euro 2008, Mundial 2010). En lo organizativo, el Mundial dejó deudas gordas en algunos clubes (Valencia bajó a Segunda por el agujero), pero también estadios renovados. Una tele mucho mejor y un fútbol más profesional y con pasta de sponsors. A nivel país, fue clave: demostramos que podíamos organizar algo mundial sin que se fuera todo al garete pese al terrorismo y la crisis. ETA no paró el evento (hubo tregua simbólica), y España se vendió como un país moderno y europeo. Fue el puente perfecto hacia los 90: Olimpiadas de Barcelona, Expo de Sevilla… y el fútbol español empezó a cambiar de mentalidad. No ganamos nada en el 82, pero sin ese Mundial (y su fracaso) quizás no hubiéramos llegado tan lejos después. Al final, fue un «vamos a ver qué pasa» que salió bien… menos en el césped.

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