Juan de la Cierva nació en Murcia el 21 de septiembre de 1895, en el seno de una familia destacada por su influencia política y técnica. Desde pequeño, mostró una gran curiosidad por la mecánica y la aviación, construyendo modelos de aviones junto a sus amigos. Su padre, político y empresario, y su abuelo, ingeniero, influyeron en su formación. A los dieciséis años, diseñó y voló un biplano, lo que marcó el inicio de su pasión por la aeronáutica. Estudió Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en Madrid, donde profundizó en conocimientos técnicos y científicos. Durante su juventud, asistió a exhibiciones aéreas y se interesó por los avances en aviación, lo que le llevó a experimentar con diferentes modelos de aeronaves. Su entorno familiar y académico favoreció el desarrollo de su vocación, permitiéndole acceder a recursos y contactos clave para su futura carrera.
Sus primeros fracasos.
En 1919, tras un accidente con un trimotor de su diseño, Juan de la Cierva decidió buscar una solución para mejorar la seguridad de los vuelos. Así nació la idea del autogiro, una aeronave con alas giratorias que ofrecía mayor estabilidad y seguridad. Los primeros prototipos fracasaron debido a la rigidez de los rotores, pero al articularlos libremente, logró la sustentación necesaria. En 1923, el autogiro realizó su primer vuelo exitoso entre Cuatro Vientos y Getafe, en Madrid. Este invento fue el precursor del helicóptero moderno y revolucionó la aviación. De la Cierva fundó la Cierva Autogiro Company en Inglaterra en 1925, expandiendo su invento a nivel internacional. El autogiro cruzó el canal de la Mancha en 1928 y voló de Inglaterra a España en 1934, demostrando su eficacia y versatilidad en diferentes condiciones.
El padre del helicóptero.
El autogiro de Juan de la Cierva supuso un avance fundamental en la historia de la aviación. Su diseño permitía despegar y aterrizar en espacios reducidos, lo que aumentaba la seguridad y las posibilidades de uso. Además, sus investigaciones sobre la sustentación autogiratoria y el control de aeronaves sentaron las bases para el desarrollo de los helicópteros y otras aeronaves de despegue vertical. De la Cierva no solo fue un inventor, sino también un promotor incansable de su creación, realizando demostraciones en Europa y América. Su trabajo fue reconocido con numerosos premios y distinciones, como la Medalla de Oro del Aire de la FAI y la Gran Cruz del Mérito Naval. A pesar de su éxito, su vida estuvo marcada por la dedicación y la búsqueda constante de soluciones técnicas para los desafíos de la aviación.
Su muerte.
La vida de Juan de la Cierva terminó trágicamente el 9 de diciembre de 1936, en un accidente aéreo en el aeropuerto de Croydon, cerca de Londres. No llegó a ver su autogiro convertido en helicóptero, pero su legado perdura en la historia de la ingeniería y la aviación. Su figura sigue siendo objeto de análisis y reconocimiento, tanto por sus aportaciones técnicas como por su influencia en el desarrollo de nuevas tecnologías aeronáuticas. El autogiro abrió el camino a los helicópteros modernos y demostró la importancia de la innovación y la perseverancia en la ciencia. Hoy, Juan de la Cierva es recordado como uno de los grandes pioneros de la aviación, cuyo ingenio y visión transformaron para siempre el mundo del vuelo.
