Pastrana: El Pueblazo de la Alcarria que te deja con la boca abierta


Pastrana está en pleno corazón de la Alcarria, en Guadalajara, y su rollo viene de lejos. Los romanos ya andaban por aquí y la llamaban Paterniana. La destrozaron en el 180 antes de Cristo, pero la volvieron a levantar. En la Edad Media, Alfonso VIII se la dio a la Orden de Calatrava en 1174 y, más tarde, Enrique II le concedió el título de villa en 1369, o sea, que empezó a volar sola. En 1541, Carlos V la vendió a la familia de la famosa princesa de Éboli y ahí empezó su época dorada. Llegaron moriscos para currar en los telares, los duques se gastaron una pasta en palacios y conventos, y la villa se puso de moda. Santa Teresa pasó por aquí, Camilo José Cela la paseó en su Viaje a la Alcarria y la describió como una ciudad medieval con mucho arte. Hoy tiene unos 970 habitantes, pero conserva ese aire antiguo que flipas. Calles empedradas, casitas de piedra y un montón de historias que te cuentan en cada esquina. Es de esos pueblos que parece que el tiempo se paró hace siglos y tú llegas y te sientes como en otra época.

El pueblo está lleno de pedazo de monumentos


Lo primero que te choca al llegar es el Palacio Ducal. Es una pasada: fachada de piedra, torres, balcones y por dentro tiene artesonados y azulejos que te dejan loco. Desde la torre de la princesa de Éboli se ve todo el pueblo. La Colegiata de la Asunción es otro puntazo, con su museo de tapices flamencos del siglo XV que son únicos en España. Luego están los conventos que fundó Santa Teresa: el de San José y el del Carmen, con claustros chulos y reliquias que dan un rollo místico guay. No te pierdas la Fuente de los Cuatro Caños del año 1588, la Plaza de la Hora justo enfrente del palacio, ni la antigua plaza de toros, que es de las más viejas de la provincia. Las calles son estrechas, con arcos, miradores y rincones donde te dan ganas de sacar fotos a cada paso. Todo el casco antiguo está declarado Conjunto Histórico-Artístico y desde 2019 forma parte de Los Pueblos Más Bonitos de España. Vamos, que pasear por Pastrana es como hacer un viaje en el tiempo sin necesidad de máquina.

Gente importante que le dio mucho caché

La que más ruido hizo fue la princesa de Éboli. Su familia compró el pueblo y ella acabó encerrada en el palacio por órdenes de Felipe II. Dicen que desde su balcón enrejado seguía moviendo hilos. Los duques fueron unos mecenas totales: trajeron a Santa Teresa, que fundó dos conventos aquí en 1569, y hasta San Juan de la Cruz pasó una temporada. Eso convirtió Pastrana en un centro de poder, religión y cultura en el Siglo de Oro. Más adelante, Camilo José Cela se enamoró del pueblo y lo metió en su libro, lo que ayudó a que mucha gente lo descubriera. Cada julio montan el Festival Ducal y la gente se disfraza de la época, hay teatro, mercados y ambientazo renacentista. Gracias a toda esta gente, Pastrana tiene ese toque especial que mezcla intriga cortesana, mística religiosa y un montón de leyendas que todavía se respiran por sus calles. No es solo un pueblo bonito, es un pueblo con personalidad y con historias que enganchan.

Cómo es Pastrana hoy en día


Ahora mismo Pastrana es un destino ideal para una escapada. Con sus 970 vecinos sigue siendo un pueblo tranquilo pero con mucha vida turística. Las fiestas de San Sebastián, la Semana Santa o la Virgen de la Asunción llenan las plazas de ambiente. En marzo hay una feria de la miel que está muy bien porque la Alcarria es famosa por su miel buenísima. El Festival Ducal en julio es la bomba: desfiles, teatro callejero, comida de la época y un mogollón de gente pasándoselo pipa. Puedes visitar el palacio (ahora lo lleva la Universidad de Alcalá), los museos de tapices y de los carmelitas, y subir a los miradores para ver las vistas al río y al caserío. La comida es otro punto fuerte: cordero asado, aceite de la zona y miel para chuparse los dedos. Hay hospederías en antiguos conventos, tabernas con encanto y rutas para caminar por el campo. Está a solo una hora de Madrid, así que es perfecto para un día o un finde. Si buscas un pueblo con historia, tranquilidad y un rollo auténtico, Pastrana te va a molar un montón.

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